Mundial de Fútbol 2026: memoria, justicia y redención simbólica
- INCT Futebol
- há 4 dias
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Verónica Moreira (UBA)
No texto abaixo, a autora discute como as memórias nacionais argentinas sobre a Guerra das Malvinas se relacionam simbolicamente com os confrontos entre Argentina e Inglaterra nas Copas do Mundo.

Finalizado el partido contra Suiza, en Argentina volvió a emerger un recuerdo inmediato: el enfrentamiento deportivo contra Inglaterra en el Mundial de 1986.
Aunque las selecciones masculinas de Inglaterra y Argentina se cruzaron en otras ediciones de la Copa (1962, 1966, 1998 y 2002), el partido de cuartos de final en el estadio Azteca de Ciudad de México ocupa un lugar central en la memoria colectiva. Argentina ganó 2–1 con dos goles históricos de Diego Maradona: la célebre Mano de Dios y el denominado Gol del Siglo. El primero, marcado de manera irregular con la mano; el segundo, considerado el gol más bello en la historia de los mundiales.
Ese encuentro ocurrió apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Un conflicto bélico que comenzó el 2 de abril de 1982 por la soberanía de este territorio, usurpado desde 1833. Cada año, en esa fecha se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas en honor a todas las personas que fueron parte de este suceso histórico que duró 74 días.
El conflicto dejó como saldo 649 soldados argentinos fallecidos, más de 1.600 heridos y más de 500 suicidios de excombatientes tras la finalización de la guerra. Casi el 70% de los argentinos que murieron en Malvinas tenía menos de 25 años. Durante la contienda, ocurrió un hecho que hoy se recuerda como un crimen de guerra: el hundimiento del crucero General Belgrano, que se encontraba en la zona de exclusión, en dirección al continente, provocó la muerte de 323 tripulantes —casi la mitad de las bajas argentinas—.
Por ello, para gran parte de la sociedad de ayer y de hoy, la victoria de 1986 es percibida como un acto de justicia. Evocar aquel partido no significa únicamente recordar un triunfo deportivo, sino también revivir el orgullo de haber derrotado a un país poderoso y colonialista que ocupaba —y aún ocupa— territorio argentino.
La Mano de Dios adquirió un sentido político: fue resignificada como una forma de reparación simbólica frente a la derrota bélica. La cultura popular ha retomado esta interpretación en distintos momentos y, más recientemente, en la canción de un payador —compositor e intérprete de música rural— que se viralizó pocas horas antes del partido contra Inglaterra. Su letra incluye el verso “quiero volver a robarle un gol al ladrón”, metáfora que vincula la astucia de Maradona en el Mundial de 1986 con la usurpación británica de las islas. La canción, de notable belleza y gran carga emotiva, continúa con “quiero ganarme 100 años de perdón”, evocando el refrán popular que relativiza la falta cuando se comete contra alguien injusto, y que en este contexto funciona como justicia compensatoria.
El fútbol, como espacio de cultura popular, nunca dejó de acompañar esa memoria: desde hace varias décadas, las banderas con la silueta de las islas se repiten en las tribunas.
No obstante, aunque la causa Malvinas ya estaba presente en el imaginario futbolero local, comenzó a multiplicarse en el sentido común con la canción del Mundial masculino de 2022. Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar, escrita por un docente, se convirtió en una de las piezas más emblemáticas del repertorio nacional reciente. En ella se reafirma una cadena narrativa que coloca a Maradona y Messi como héroes indiscutibles, al tiempo que incorpora el compromiso de no olvidar a “los pibes de Malvinas”. La canción situó en primer plano el recuerdo de los jóvenes que perdieron la vida en la guerra y contribuyó a difundir los sucesos de aquel conflicto, junto con sus consecuencias, entre sectores de la sociedad que no tenían tan presente este hecho histórico.
Antes del partido entre las selecciones de Argentina e Inglaterra en este mundial, un sector de los excombatientes y algunos referentes deportivos, como el DT de la selección nacional, pidieron separar el hecho deportivo del conflicto bélico. Un encuentro futbolístico no debía confundirse con una guerra.
Sin embargo, el propio lenguaje y la dinámica del fútbol lo acercan a esa dimensión bélica: es un deporte territorial, una suerte de guerra ritual en la que dos equipos se enfrentan por la posesión de la pelota. El objetivo es superar la defensa rival, penetrar en su territorio y vencer la valla del oponente. La victoria, en términos simbólicos, remite a la eliminación o aniquilación del otro. En este marco, las categorías que designan a los jugadores —defensores, atacantes y el capitán como líder del grupo— refuerzan esa lógica de enfrentamiento.
La guerra de Malvinas sigue siendo una herida abierta, marcada por la juventud de las víctimas y por las carencias sufridas en la posguerra. Para gran parte de la sociedad, el partido contra Inglaterra en este Mundial implicó remover la historia y traer a la memoria fragmentos de los múltiples acontecimientos de 1982, así como del partido de 1986.
Esta memoria entró en tensión con la posición del presidente Javier Milei, quien había expresado, antes de asumir su mandato, su admiración por Margaret Thatcher, responsable de la orden militar que provocó el hundimiento del buque General Belgrano.
Un día antes del partido, la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, acompañó formalmente la decisión tomada en conjunto por la FIFA y los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos de prohibir mensajes políticos alusivos a Malvinas. Señaló que no se permitiría ingresar al estadio con “una bandera, camiseta, un trapo, lo que sea que tenga un mensaje de contenido político”.
Los jugadores, que habían actuado con mesura antes de la semifinal, comenzaron a demostrar que no era un encuentro más. Al canto “el que no salta es un inglés” de la hinchada argentina durante el himno británico, le siguió el abucheo al himno argentino. En una declaración posterior, Messi expresó:
En el himno empezamos a sentir cosas diferentes, cosas especiales. Sin dejar de lado que era un partido de fútbol, ninguno queríamos perderlo. La gente de Argentina quería esta alegría, no quería perder contra Inglaterra y nosotros lo vivimos de esa manera también. Gracias a Dios, lo pudimos conseguir, los pudimos dejar afuera a ellos.
Después del partido, los jugadores festejaron con los hinchas. Bailaron, saltaron y cantaron. Por la mesura expresada con anterioridad, sorprendió el despliegue de una bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas”, un gesto que condensó la tensión entre la memoria popular y las restricciones de instituciones y gobiernos altamente cuestionados.
Tanto en el partido de 1986 como cuarenta años después, la victoria puede leerse como una forma de redención simbólica: vencer a Inglaterra significó derrotar a los poderosos. El fútbol, pese a su mercantilización, sigue siendo un espacio donde se disputan sentidos colectivos, y en Argentina esa disputa incluye, inevitablemente, la memoria de Malvinas.
Sobre a autora:
Verónica Moreira é graduada em Ciências Antropológicas (UBA), mestre em Antropologia Social (IDES/IDAES-UNSAM) e doutora em Ciências Sociais (UBA). É pesquisadora independente do CONICET e coordenadora do Grupo de Estudio sobre Deporte en la Sociedad Contemporánea (IIGG/FSOC/UBA).
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Como citar?
MOREIRA, Verónica. Mundial de Fútbol 2026: memoria, justicia y redención simbólica. Bate-Pronto – INCT Futebol, Florianópolis, v. 3 n. 33, 2026.
Depois do jogo da semifinal com a Inglaterra, a Argentina enfrentou a Espanha na final do Mundial de 2026. Para ler sobre esse último jogo, acesse: Final da Copa 2026: futebol coletivo 1 X 0 futebol testosterona
Mundial de Fútbol 2026: memoria, justicia y redención simbólica © 2026 by Verónica Moreira is licensed under CC BY-NC 4.0




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