El Mundial como espejo del mundo
- INCT Futebol
- há 18 horas
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Dolors Ribalta-Alcalde (Universidad Ramon Llull)
No texto abaixo, a autora aborda como a Copa do Mundo ultrapassa o futebol e se torna um retrato das grandezas, contradições, emoções e histórias pessoais do mundo contemporâneo.

El balón no solo rueda sobre el césped, sino que también explica la sociedad. Por eso, Eduardo Galeano escribió que «el fútbol es la única religión que no tiene ateos». Quizá exageraba, pero acertaba en lo esencial: el fútbol nunca termina en el marcador; continúa en la sociedad, en la política, en la cultura y en la memoria colectiva. Cada Mundial acaba siendo un retrato de su tiempo y este no es diferente¹.
Estas líneas no pretenden ser una crónica exhaustiva, sino una mirada personal sobre el Mundial: aquello que he visto en directo, lo que he leído en la prensa y las historias que, por un motivo u otro, más me han llamado la atención. Me quedo con algunas pinceladas que, a mi juicio, reflejan muy bien el mundo en el que vivimos.
Además, hay un detalle que también forma parte del espectáculo y que no aparece en ninguna estadística. En las calles, en los bares, en los comercios… se respira el Mundial. Basta con pasear para comprobarlo: camisetas de selecciones de todos los continentes, banderas colgadas en balcones, escaparates decorados, anuncios en distintos rincones de la ciudad y conversaciones improvisadas alrededor de un partido, de un resultado o de alguna acción. Durante unas semanas, el Mundial deja de pertenecer únicamente a los estadios para instalarse también en la vida cotidiana.
Un reflejo de la sociedad
Y, como ocurre fuera del campo, también sobre el césped el fútbol actúa como un espejo de la sociedad. Basta observar la composición de muchas selecciones para comprender cómo el fútbol refleja las transformaciones sociales, los movimientos migratorios y unas identidades cada vez más complejas.
Uno de los ejemplos más llamativos lo ofrece Marruecos. Buena parte de los titulares de la selección han nacido fuera del país. Son hijos de la emigración nacidos fuera de Marruecos que han decidido representar la tierra de sus progenitores. El fútbol vuelve a demostrar que la identidad ya no entiende únicamente de fronteras, sino también de vínculos familiares, culturales y emocionales.
Algo parecido sucede con Cabo Verde, una de las grandes revelaciones del campeonato. Con apenas medio millón de habitantes, ha competido de tú a tú con potencias consolidadas y plantó cara a Argentina, cayendo por la mínima. Su recorrido demuestra que el talento no entiende de censos, presupuestos ni tradición, y que la ilusión puede reducir distancias que sobre el papel parecen insalvables.
El Mundial refleja las transformaciones sociales y evidencia que el deporte nunca vive completamente al margen de la realidad política. Irán ha llegado al torneo condicionado por las tensiones diplomáticas con Estados Unidos, encontrando dificultades logísticas que recuerdan que las fronteras, los visados y las relaciones internacionales también juegan su propio partido.
Y precisamente la política se coló de lleno en el césped con el caso de Balogun. La retirada de su sanción, tras la intervención del presidente de Estados Unidos, abrió un debate sobre la independencia de las instituciones deportivas. La respuesta de Bélgica, eliminando con claridad a los estadounidenses y publicando después un irónico «Reverse this», resumió a la perfección una de las lecciones del deporte: una decisión administrativa puede modificarse, pero el resultado que dicta el terreno de juego permanece.
Si la política demuestra que el fútbol nunca vive aislado del mundo, la tecnología confirma hasta qué punto el propio juego también ha cambiado. Lejos quedan los Mundiales en los que una decisión arbitral era inapelable. Hoy el VAR revisa goles, penaltis y expulsiones con la intención de reducir el error humano, aunque no siempre consigue eliminar la polémica.
No ha faltado, por supuesto, un episodio que ha vuelto a dividir opiniones. En el Alemania-Paraguay, Jonathan Tah llegó a adelantar a la selección alemana durante la prórroga, en una acción que podía haber cambiado el destino de la eliminatoria. Sin embargo, tras la revisión del VAR, el colegiado anuló el tanto, una decisión que terminó siendo decisiva, ya que Paraguay acabó clasificándose en la tanda de penaltis.
La escena volvió a poner sobre la mesa una cuestión que acompaña al fútbol desde la llegada de la tecnología: el VAR corrige errores, pero no elimina la discusión. Las imágenes aportan más información, aunque la interpretación de muchas jugadas sigue dependiendo del criterio arbitral. Paradójicamente, cuanto mayor es la precisión tecnológica, mayor parece ser también el debate sobre la justicia de cada decisión.
Por mucha influencia que tengan la política, la tecnología o los acontecimientos que rodean al torneo, el Mundial sigue perteneciendo, sobre todo, a quienes saltan al terreno de juego.
Los protagonistas del torneo
Cada Mundial tiene sus héroes, pero también sus símbolos. Resulta inevitable contemplar a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo con cierta nostalgia. Probablemente, ambos estuvieron escribiendo los últimos capítulos de una rivalidad que ha marcado una época. Mientras Messi continuaba ampliando una leyenda que parecía no tener techo, Cristiano se despedía del torneo tras caer ante España, cerrando, quizá, su último gran capítulo mundialista.
Si hay una selección que resume la dimensión casi mítica del fútbol, esa es Brasil. Cada Mundial parece imponerle la obligación de jugar bien y, además, ganar. No basta con competir; debe enamorar. Neymar ha cargado durante buena parte de su carrera con esta premisa, viviendo bajo la sombra de Pelé, Garrincha, Zico, Romário, Ronaldo o Ronaldinho. Durante años se le ha exigido ser el heredero de una tradición de la que tampoco ha conseguido sacudirse tras la eliminación de Brasil.
Cada Copa del Mundo no solo despide leyendas; también descubre otras nuevas. Los Mundiales tienen la capacidad de convertir en referentes a futbolistas que, hasta entonces, apenas eran conocidos fuera de sus países. Este campeonato ha vuelto a demostrarlo. El guardameta caboverdiano Vozinha se ha convertido en uno de los nombres propios del torneo gracias a sus actuaciones decisivas, liderando la histórica trayectoria de una selección que ha competido sin complejos frente a algunas de las grandes potencias del fútbol mundial. Como tantas otras veces, el Mundial ha servido para recordar que el talento puede surgir desde cualquier rincón del planeta y que los grandes escenarios también dan voz a los pequeños.
Mientras unos representan el final de una época, otros simbolizan el presente y el futuro. Kylian Mbappé ya no es una promesa, sino el líder de una generación; Erling Haaland aporta una combinación de potencia y eficacia, y Lamine Yamal encarna un futbolista que juega con la naturalidad de quien parece no sentir el peso de un Mundial.
Cada cuatro años conviven las leyendas que se despiden, las estrellas que confirman su estatus y los jugadores que, en apenas unas semanas, consiguen hacerse un hueco en la memoria de millones de aficionados.
Cuando la vida entra en el vestuario
El fútbol no solo se construye a partir de goles, celebraciones o grandes figuras. También está formado por historias personales que recuerdan que, detrás de cada camiseta, hay personas con una vida que continúa mientras el balón sigue rodando.
El caso de Jérémy Doku abrió un intenso debate cuando el extremo belga abandonó temporalmente la concentración para asistir al nacimiento de su primer hijo. Su decisión planteó una pregunta incómoda: ¿debe un futbolista priorizar el partido más importante de su carrera o un momento irrepetible de su vida familiar?
Durante mucho tiempo, el deporte de élite pareció exigir una entrega absoluta, pero casos como el de Doku recuerdan que los jugadores también son padres, hijos, parejas y personas antes que estrellas. La conciliación también entra en el vestuario, aunque el fútbol haya tardado demasiado en reconocerlo.
Y cuando la vida irrumpe con toda su dureza, el fútbol también muestra su lado más frágil. Didier Deschamps ha vivido este Mundial marcado por la reciente muerte de su madre. Sin embargo, el dolor personal no le libró de convertirse en objeto de la sátira. La revista Charlie Hebdo publicó una caricatura en la que el seleccionador francés aparecía levantando la urna con las cenizas de su madre como si fuera el trofeo del Mundial. La viñeta provocó una ola de indignación y reabrió el eterno debate sobre los límites del humor y el respeto al duelo.
Precisamente el duelo también estuvo presente antes incluso de que el balón echara a rodar en uno de los partidos más esperados del campeonato. En los prolegómenos del España-Portugal se rindió un emotivo homenaje a Diogo Jota, fallecido trágicamente en un accidente de tráfico en julio de 2025. Fue uno de esos instantes que recuerdan que, por encima de los colores, el fútbol también sabe detenerse para honrar la vida.
Quizá esa sea otra enseñanza de este Mundial: que detrás de cada seleccionador y de cada futbolista hay una historia personal que continúa mientras el balón sigue rodando. El Mundial puede detener un país durante noventa minutos, pero no detiene los nacimientos, las pérdidas, el duelo ni las alegrías.
Al final, eso es lo que convierte al Mundial en un fenómeno universal. No solo reúne a las mejores selecciones del planeta; también concentra, durante unas semanas, muchas de las grandezas y contradicciones del mundo contemporáneo.
Por eso el Mundial sigue fascinando a millones de personas: mientras el balón rueda, también ruedan preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. El campeón cambiará dentro de cuatro años. Lo que verdaderamente permanecerá serán las historias, los debates y las emociones que este Mundial nos contó sobre nosotros mismos.
Sobre a autora:
Dolors Ribalta-Alcalde é professora da Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna (Universidad Ramon Llull). Também é diretora do Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona.
As perspectivas presentes nos artigos veiculados no blog Bate-Pronto não necessariamente refletem as posições institucionais do INCT Futebol.
Como citar?
RIBALTA-ALCALDE, Dolors. El Mundial como espejo del mundo. Bate-Pronto – INCT Futebol, Florianópolis, v. 3 n. 34, 2026.
O Bate-Pronto está realizando uma Semana Especial de Análises Internacionais sobre a Copa do Mundo 2026. Para ler mais uma, acesse: Mundial de Fútbol 2026: memoria, justicia y redención simbólica
¹ En el momento de escribir este texto, la Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada por México, Estados Unidos y Canadá, todavía se encontraba en las eliminatorias, de modo que aún era imposible saber quién sucedería a Argentina y levantaría el ansiado trofeo. Todavía quedarían partidos por disputarse, y cualquier pronóstico podría saltar por los aires en cualquiera de los cruces. Sin embargo, el torneo ya dejaba suficientes historias para demostrar que un Mundial es mucho más que una competición deportiva.
El Mundial como espejo del mundo © 2026 by Dolors Ribalta-Alcalde is licensed under CC BY-NC 4.0
